Richard Hart, afirmó que “México no tiene mucha cultura del pan”

Richard Hart, el panadero británico que muchos conocieron gracias a The Bear, llegó a México, abrió una panadería en la Roma y, en un acto de valentía (o torpeza), soltó que “México no tiene mucha cultura del pan”.
Sí, lo dijo. Y sí, el internet mexicano reaccionó como solo el internet mexicano sabe hacerlo: con memes y coraje.
Hart hizo estas declaraciones en un pódcast europeo, muy relajado, muy extranjero, muy “te explico tu país”, donde básicamente resumió nuestra relación con el pan así:
pan dulce = pastel,
sándwich = taco,
y el pan blanco… feo, barato e industrial.
Ah, y por si fuera poco, también dejó caer que “el trigo mexicano no es bueno” y que aquí las cosas se arreglan “pagando dinero”. Multitask de declaraciones incómodas.
Traducción simultánea: “No es como en Copenhague”
Para Hart, la verdadera cultura del pan es la europea: densa, oscura, fermentada, con siglos de solemnidad y cero prisa.
En Dinamarca, dice, el pan es identidad nacional. Aquí, según su mirada, es acompañamiento menor… cuando no es simple pan dulce para el café.
¿El problema? México no es Dinamarca, ni pretende serlo. Aquí el pan no necesita solemnidad porque convive con el maíz, el nixtamal, la tortilla, el bolillo, la telera y la concha rellena de nata.
Nuestra cultura panadera no pide permiso ni validación escandinava.

El bolillo no se defendió… pero el internet sí
Aunque Hart nunca mencionó directamente al bolillo, bastó con decir “panecillos blancos feos” para que medio país sintiera el golpe.
Porque el bolillo no es solo pan: es desayuno, es torta, es susto, es guajolota, es infancia y es hospital.
Decir que aquí no hay cultura del pan es como decir que en Italia no saben de café porque no toman frappé tamaño XL.
El plot twist: pidió perdón (porque México no perdona… pero sí funa)
Cuando las declaraciones cruzaron el Atlántico y llegaron a redes mexicanas, Hart reculó. En Instagram publicó una disculpa donde reconoció que se equivocó, que es un invitado en este país y que sus palabras no reflejaron el respeto que siente por México.
Demasiado tarde para evitar la polémica, pero lo justo para intentar apagar el horno.
Lo irónico: su pan cuesta caro en un país que “no sabe de pan”
Green Rhino, su panadería en la Roma Norte, vende piezas artesanales, masa madre y pan “de autor” a precios que no son precisamente populares.
Conchas de $50, garibaldis de $100, baguettes de $60 y panettones que rozan los $900.
Entonces queda la pregunta flotando en el aire, como olor a pan recién horneado: Si México no tiene cultura del pan… ¿quién está pagando todo eso?

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Conclusión: el pan no se explica, se come
Richard Hart es talentoso, eso nadie lo discute. Pero venir a México a decir que aquí no hay cultura del pan es como ir a una fiesta ajena y criticar la música sin saber bailar.
Porque en este país el pan no necesita manifiestos ni podcasts europeos:
se moja en el café, se rellena, se comparte, se pelea en la mesa y se acaba antes de llegar a casa.
Y eso, aunque no huela a centeno danés, también es cultura.

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